dimecres, 18 de juny de 2008

La vuelta al sol del señor Camps

Los 365 días que tarda la tierra en dar la vuelta al sol que han transcurrido desde el inicio de la legislatura, por nuestra parte, han estado marcados por ilusión con que enfrentamos el futuro pero también conscientes de las dificultades que enfrentamos en el presente. Uno de los aspectos más preocupantes es la utilizando a su antojo que hace de las instituciones y por la desvirtuación de la esencia de la democracia representativa que practica cotidianamente el PP. La máxima preocupación del señor Camps es la agitación y la propaganda, al mejor estilo de los gobiernos totalitarios, anular mediáticamente a la oposición, reducir a su mínima expresión al poder legislativo y buscar argumentos de confrontación con la inestimable, pero bien pagada ayuda de fundaciones creadas por el Consell y Canal 9. A esto se ha dedicado durante este año de legislatura.
A la vez que el señor Camps falseaba la realidad hídrica de nuestro territorio, exacerbando los déficits locales de agua para convertirlos en problemas generales, también se dedicaba a despilfarrar el agua disponible, - un trasvase y medio de agua que reclama del Ebro se tira anualmente a la mar – se dedicaba a depredar el territorio, a paralizar las inversiones necesarias que asegurarían agua para todos y a despreocuparse de las necesidades reales de la ciudadanía. Y ahora que llueve, enarbola el millón de nuevos ciudadanos para justificar su déficit inversor cuando en realidad el déficit de inversiones procede de su nefasta gestión y de un endeudamiento injustificable.
La ley de dependencia en manos del señor Camps, en lugar de ser un instrumento para mejorar las condiciones de vida de las personas que sufren alguna situación que les impide una vida autónoma y garantizar a sus familiares el descanso merecido por cuidarlas, se ha convertido en un arma arrojadiza contra el Gobierno de España y una forma de seguir en su campaña de agitación y propaganda al mejor estilo del despreciable maestro en estas artes, el señor Göbbels.
¿Qué es, sino, el contrato de integración nada más que un mero instrumento de propaganda y agitación al servicio de turbios y peligrosos intereses?. Aquellos que tan bien aprendió las técnicas de propaganda en el extremismo izquierdista, asesoran ahora al PP y ponen al servicio de la derecha sus conocimientos para desviar la atención de la ciudadanía sobre la gestión pública con medidas tan urgentes como el contrato de integración o los uniformes escolares.
Con estas dos medidas, todos los problemas de la población están solucionados.
Su necesidad de permanecer en el poder para evitarse engorrosas auditorias de su gestión, o cumplir con las recomendaciones de la Sindicatura de Comptes le hace pactar con cualquiera y tapar cualquier escándalo en sus propias filas. Nada ocurre para él en Terra Mítica, nada ocurre para él con el señor Fabra ni con el señor Rus ni con el señor Alperi, los tres investigados por diferentes asuntos. Nada ocurre con estos señores porque los necesita para su equilibrio interno. Para el señor Camps todo es normal.
Mientras tanto, Canal 9 está en bancarrota y la deuda pública que tiene la Generalitat y sus empresas, supone que cada valenciano y valenciana tenemos comprometidos 3.000 euros lo que suma, entre todos, 13.300 millones de euros, es decir, más de 2 billones, con B de barbaridad, de pesetas. Durante este año, el desempleo crece en nuestra Comunidad, de tal suerte, que el 45% del crecimiento del desempleo de toda España es imputable al paro del señor Camps, entre otras razones por la obsesión de este gobierno de dedicarse única y exclusivamente al ladrillo y al turismo. Y no es descabellado augurar que el próximo dato de desempleo en nuestra Comunidad será más desalentador Pero él no sufre el paro. Él echa balones fuera, él se dedica a poner primeras piedras virtuales de proyectos que nunca se llevan a cabo, como el aeropuerto o Mundo Ilusión en Castellón, a pagar proyectos faraónicos de sus amistades con yates y a dilapidar dinero público en sobrecostes de obras públicas o visitas papales que nunca justifica.
Se dedica a subvencionar a directores de cine de renombre para que utilicen la Ciudad de la Luz aunque eso signifique que los gastos de mantenimiento son más que los ingresos o a gastarse 55 millones de euros en mantener una única infraestructura cultural como es la Ciudad de la Ciencia. Al mismo tiempo que el Sr. Camps desde su Olimpo se dedica a sus cosas celestiales, las infraestructuras básicas en sanidad, educación, servicios sociales y de transporte público no reciben todo el dinero que hacen falta para asegurar su mantenimiento y renovación.
El presupuesto que aprobó en solitario el PP, preveía un incremento de ingresos que, según sus expertos, le permitía cubrir gastos sin tener que seguir incrementando la deuda, pero no pasaron ni tres meses de ese presupuesto y ya estaba pidiendo al Gobierno central permiso para endeudarse acogiéndose a la excusa de que hay crisis. Algo tendrá que hacer con los expertos que asesoran a los señores Camps y Camps, pues ya le anunciamos esta crisis en los debates de los presupuesto y el muy honorable, - junto con el sólo honorable - siguió echando balones fuera negando la crisis que ahora llega.
Y como guinda de este pastel, acaba este año legislativo con el intento ilegal de sustituir a la Sindica de Greuges por el sistema de saltarse a la torera las normas que regulan sus nombramiento y todo ello por la simple razón de que no puede aceptar la más mínima crítica a su nefasta gestión, algo que la Sindicatura de Greuges se limita a constatar, ya que ha de recordar el señor Camps, las quejas son de los ciudadanos y la Alta Institución se limita, cumpliendo con su papel institucional a tramitarlas e investigarlas con independencia y profesionalidad exquisita.
En definitiva, este año el señor Camps se ha dedicado, durante este año, a poco más que a dar vueltas al sol, mal que le pese, pues seguramente preferiría que el sol le diera vueltas a él. Puede que por eso esté tan quemado y que esté pensando más en marcharse a Madrid que en preocuparse, como es su deber, por los problemas de los ciudadanos.